
Cada 6 de enero, la Rosca de Reyes reúne a familias y comunidades en México, manteniendo viva una tradición con más de 700 años de historia, fe y memoria colectiva.
Cada Día de Reyes, millones de personas en México parten una Rosca de Reyes sin saber que este pan dulce guarda una historia que se remonta a más de siete siglos atrás. Su origen se encuentra en la Europa medieval, especialmente en Francia y España, y está ligado a la celebración cristiana de la Epifanía, que conmemora la visita de los Reyes Magos al niño Jesús.
La forma circular de la rosca no es casual. Representa el amor eterno de Dios, sin principio ni fin, mientras que las frutas cristalizadas simbolizan las joyas de las coronas de los Reyes Magos. Desde sus primeras versiones, este pan se compartía como un acto comunitario que reforzaba la unión y la celebración colectiva.
El origen del “muñequito”
La costumbre de esconder algo dentro de la rosca también nació en Europa. En Francia se colocaba una haba seca, y quien la encontraba era nombrado “rey por un día”. Con el tiempo, este elemento evolucionó hasta convertirse en una figura que representa al Niño Jesús oculto, recordando el pasaje bíblico en el que José y María lo protegieron del rey Herodes.
La tradición llegó a México en el siglo XVI, durante el periodo virreinal, como parte del proceso de evangelización. Aquí se transformó y tomó un carácter propio: el haba fue sustituida por el muñequito del Niño Dios y se añadió el compromiso de que quien lo encuentre invite los tamales el 2 de febrero, Día de la Candelaria.
Así, la Rosca de Reyes se consolidó como una tradición viva que mezcla historia europea, simbolismo cristiano y cultura popular mexicana. No es solo un pan: es una historia que se parte, se comparte y se hereda alrededor de la mesa.
Melchor, Gaspar y Baltazar: más que regalos
La tradición cuenta que tres sabios de tierras lejanas siguieron una estrella que brillaba más que todas. No buscaban poder ni riquezas, buscaban esperanza. Esa luz los llevó hasta Belén, donde ofrecieron al Niño Jesús no solo regalos, sino reconocimiento y fe.
- Melchor, el más anciano, simboliza la sabiduría del tiempo y entregó oro, reconociendo al Rey que transformaría la historia.
- Gaspar, lleno de energía y nobleza, llevó incienso, símbolo de fe y divinidad.
- Baltazar, proveniente de África, ofreció mirra, que representa la humanidad, el sacrificio y el amor en los momentos difíciles.
Más allá del oro, el incienso y la mirra, los Reyes Magos dejaron un mensaje que sigue vigente: fe para seguir adelante, esperanza para no rendirse y generosidad para compartir.
Una tradición que sigue viva
En pueblos, barrios y ciudades, el Día de Reyes continúa siendo un momento de encuentro, ilusión y memoria. Cada rosca partida recuerda que los regalos más valiosos no se compran: se creen, se sienten y se entregan desde el corazón.
