
El actual municipio de Ometepec se levantó sobre un territorio diverso y complejo, habitado desde hace más de mil años por el pueblo amuzgo, una cultura que aún resiste.
Ometepec Guerrero se asienta en una geografía contrastante: cerros, cañadas profundas, ríos, arroyos y pequeñas planicies que van desde casi el nivel del mar hasta zonas montañosas de más de mil metros de altura. Este paisaje no solo define el clima y la producción agrícola, también explica la historia antigua de un territorio habitado mucho antes de la llegada de los españoles.
Un asentamiento antiguo en tierras difíciles
Diversos registros históricos coinciden en que los primeros pobladores de Ometepec fueron los amuzgos. El historiador Moisés Ochoa Campos documenta que este pueblo fundó el asentamiento alrededor del año 400 de nuestra era. No se trató de un grupo menor: de acuerdo con el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, al momento de la conquista española habitaban en la región cerca de veinte mil jefes de familia, lo que refleja una población numerosa y bien organizada.
El origen del pueblo amuzgo
Sobre el origen del pueblo amuzgo existen varias interpretaciones, pero una de las más aceptadas señala que surgieron a partir de la fusión histórica entre mixtecos y zapotecos. La historiadora Margarita Dalton Palomo explica que, a lo largo del tiempo, estas mezclas dieron lugar a nuevos pueblos con identidad propia, lengua, vestimenta y organización social, como ocurrió con los amuzgos.
Las similitudes no solo están en el idioma, cuyas raíces comparten estructuras comunes, sino también en prácticas comunitarias que aún se conservan. El tequio, trabajo colectivo obligatorio para obras públicas, y la guelaguetza, sistema solidario de apoyo en fiestas, funerales o mayordomías, siguen vivos en muchas comunidades amuzgas, como herencia directa de sus antepasados.
Organización, territorio y conquistas
Antes de la llegada de los españoles, los amuzgos convivieron con los mixtecos sin perder su identidad. Ambos pueblos fueron sometidos posteriormente por el imperio mexica y quedaron integrados a la provincia de Ayacaxtla, cuya cabecera se localizaba en Igualapa. Sin embargo, los amuzgos mantenían su centro político en Xochistlahuaca.
Este pueblo ocupaba una amplia franja territorial delimitada por el río Ometepec, el océano Pacífico, el río Quetzala y las zonas mixtecas del norte. Aunque no desarrollaron una arquitectura monumental propia, en su región existen vestigios arqueológicos de culturas vecinas, como la zapoteca, que ya estaban presentes antes de su llegada.
Cultura, trabajo y resistencia
La vida amuzga giraba en torno al trabajo de la tierra. Sembraban maíz, frijol y otros cultivos, pescaban en ríos, lagunas y el mar, y cazaban en las selvas que cubrían gran parte del municipio. También cultivaban algodón, con el que elaboraban textiles, huipiles y mantas donde plasmaron símbolos religiosos que aún se preservan.
El historiador Gutiérrez Tivón describe a los amuzgos como un pueblo pacífico, trabajador y organizado. Incluso señala que el término “amuzgo” podría derivar de Amochco, “pueblo de los libros sagrados”, reflejando una fuerte tradición espiritual.
El nombre y la memoria de Ometepec
El nombre de Ometepec suele traducirse como “Dos Cerros”, pero su origen es más antiguo que el náhuatl. En amuzgo, mixteco y tlapaneco, el significado es el mismo: Cerro Dos. Esto confirma que el nombre antecede a la conquista y fue conservado por las lenguas originarias.
Hoy, aunque la aculturación y el abandono de la lengua han debilitado parte de esta identidad, el pueblo amuzgo sigue presente en comunidades del municipio. Reconocer que ellos fueron los fundadores de Ometepec no es solo un acto histórico, sino una forma de dignificar a quienes sembraron las primeras raíces de este territorio.
