
Partera, defensora comunitaria y ahora comisaria constitucional, Asunción Ponce Ramos encarna décadas de lucha de las mujeres indígenas por el derecho a decidir y participar en la vida comunitaria de Guerrero.
El 4 de enero de 2026, la asamblea comunitaria de Ñuu Ndíko Yùu eligió a Asunción Ponce Ramos como comisaria constitucional para el periodo 2026–2027. Con esta decisión, la comunidad ñuu savi dio un paso más en un proceso histórico de inclusión de las mujeres en los espacios de autoridad.
Su nombramiento no es casual. Responde a una trayectoria construida desde abajo, marcada por el acompañamiento a mujeres, la defensa de sus derechos y una vida atravesada por la violencia estructural que enfrentan las comunidades indígenas de la Costa-Montaña de Guerrero.
Una comunidad que abrió camino a las mujeres
Asunción Ponce Ramos se convirtió en la segunda mujer ñuu savi en asumir la comisaría constitucional en la comunidad de Ñuu Ndíko Yùu (Cuanacaxtitlán). Antes que ella, la profesora Gloria Aldama Morales ocupó este cargo. Además, otras tres mujeres han sido suplentes, lo que refleja una tradición comunitaria que, con el tiempo, ha ido rompiendo barreras de género.
No es un dato menor: en esta misma comunidad, a principios de la década de 1960, las mujeres lograron poner fin al matrimonio forzado, una práctica profundamente arraigada en la región.
De la partería a la justicia comunitaria
Antes de ser comisaria, Asunción Ponce fue partera, promotora de salud y consejera de la Coordinadora Regional de Autoridad Comunitaria (CRAC). Desde joven acompañó a mujeres con complicaciones de parto, muchas de ellas sin recursos para acudir a hospitales.
En los pasillos de hospitales de Ometepec, Acapulco e incluso la Ciudad de México, aprendió a gestionar, insistir y resistir. Más de una vez cambió su reloj o sus aretes para conseguir medicamentos fiados. Siempre llevaba consigo un cuaderno desgastado con teléfonos de directores de hospitales y de activistas feministas, a quienes recurría cuando la burocracia cerraba las puertas.
Romper el silencio y enfrentar la exclusión
En 2010, durante una asamblea de la CRAC en Colombia de Guadalupe, fue electa coordinadora. Por primera vez, una mujer obtuvo la mayoría de votos para uno de los cargos más importantes de la justicia comunitaria. Sin embargo, su nombramiento fue cuestionado por algunos hombres, quienes argumentaron que no cumplía con requisitos tradicionales. Detrás de esas objeciones, quedó claro el peso del machismo.
La comunidad de Cuanacaxtitlán respaldó su designación y ratificó el acuerdo. Fue un parteaguas.
Violencia, salud y derechos de las mujeres
Nacida en 1950, Asunción Ponce creció viendo llegar a su casa a mujeres golpeadas, expulsadas de sus hogares. Esa experiencia marcó su vida. “Como mujeres indígenas siempre hemos estado relegadas”, ha dicho. Primero por ser indígenas, luego por ser mujeres y, además, por ser pobres.
Cuando San Luis Acatlán ocupó en 2005 uno de los primeros lugares en muerte materna, Asunción llevó la problemática a foros estatales y nacionales. Ahí entendió que la violencia también se expresa en la falta de atención médica digna.
Reconocimientos y responsabilidad comunitaria
Su trayectoria ha sido reconocida con la presea “Gila Solís”, otorgada por el Ayuntamiento de San Luis Acatlán, y con el Premio Nacional “Martha Sánchez Néstor”, entregado por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas en el Palacio de Bellas Artes.
También recibió de manos de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo un certificado del Programa Nacional de Fertilizantes para el Bienestar, al concluir su periodo como comisaria de bienes ejidales.
Un nuevo ciclo de lucha comunitaria
En su toma de protesta acudió el titular de la Secretaría para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, Abel Bruno Arriaga, junto a autoridades salientes y vecinas y vecinos que recibieron a sus nuevas autoridades a la entrada de la comunidad.
Asunción Ponce Ramos asume la comisaría con claridad y memoria. Su historia no sólo habla de cargos, sino de una vida dedicada a acompañar, resistir y transformar. En un territorio marcado por la violencia y la desigualdad, su nombramiento es también un mensaje: las mujeres ñuu savi están aquí, gobiernan y no piensan volver al silencio.
